Miseria simbólica

Por Carlos Torres

Existe un gesto mediador entre ese vecino que liga a las autoridades de fauna para poner a salvo la vida de un yacaré pichón -en el exacto momento que una turba enceguecida de adolescentes y adultos corren para matarlo a palazos y esa mamá que sorprende y frena al hijo cuando está pintando y realizando actos de vandalismo a una escultura en la plaza. 

El mismo gesto de Messi, el gran capitán argentino cuando los jugadores argentinos exaltados por el triunfo ante Brasil por la Copa América ensayaron cantos contra los rivales en su propia casa. Esa mano en alto que dice que no y la actitud de reproche frenando la descortesía son procesos de simbolización.

En los tres ejemplos existe una figura que quiebra la sinrazón, que se interpone a como sea para imaginar otro destino posible, que busca poner en acto asertivo aquello que un principio pareciera resolverse solo desde el impulso.

Hay un texto de Marión Minerbo en portugués que aborda un poco lo tratado por Freud en “Las pulsiones y sus destinos”, el cual habla de la energía, de una fuerza que nace del cuerpo y coloca en movimiento los procesos psíquicos. Allí se pregunta ¿cómo nace la pulsión?

Marión Minerbo da un ejemplo de cómo el ambiente ayuda a integrar la pulsión a nivel individual:

Cuenta que una vez fue a casa de unos amigos. Estaban todos conversando y tomando aperitivos. De pronto, la hija de 5 años del anfitrión que aún se encontraba despierta a esa hora de la noche se aparece en la sala con lápiz labial en la boca. Todos hallaron graciosa la escena. Volvió la niña a su cuarto y reapareció con los ojos maquillados. Todos hallaron gracioso el cuadro. Seguidamente la pequeña fue y regresó con un rubor intensamente rojo en sus mejillas. Todo era exageración y caricatura.

El padre estaba atento. Percibió que la respuesta de los adultos aumentó y amplificó la excitación de la niña. Gentilmente el padre dijo a su hija:

-“Hija, ya mostraste a todos que sos muy linda, ahora ya estás en hora de ir a dormir. La cena es solo para adultos”.

-“Vení, voy a colocarte en la cama y darte un beso de buenas noches”

En este ejemplo, el padre ayuda a la niña a mantener la excitación en un nivel adecuado. Él no reclama con ella, mandando ya para la cama ni permite que ella continúe seduciendo/siendo seducida por los adultos. Eso muestra que él mismo integró la diferencia entre las generaciones y la interdicción que viene junto con ella. Es por eso que consigue hacer el apaciguamiento simbolizante.

Cuando el objeto colabora, la niña consigue realizar su parte de trabajo psíquico. Entonces ella va a conseguir jugar de papá y mamá, va a poder identificarse con las interdicciones, etc.

Si todo da cierto o menos cierto va a conseguir integrar las pulsiones de modo diferente y ellas quedarán para el resto de la vida.

Es auspicioso que tengamos Ferias del Libro en la región, en la provincia, en la ciudad. Ahora bien si las actividades de promoción de la lectura que se planifican no guardan relación con las prácticas de lectura y escritura que se viven en las escuelas es muy difícil que ese proceso de mediación de no lectores a lectores se profundice. Porque si ese docente que participó junto a sus alumnos de la sesión de cuentos leídos por sus propios autores, les facilita un formulario de la Feria para que escriban tres finales distintos. Si esa experiencia agradó y se notó que los chicos mejoraron en comprensión por qué no continuarla. 

Cómo se entiende entonces que el mismo docente en la escuela,   después de la lectura de un cuento, les solicita a sus alumnos que señalen palabras esdrújulas, sensaciones olfativas o terminaciones en aba. (Tomado de “Máximas y mínimas sobre estimulación de la lectura de Ricardo Mariño)

 Ahora bien ¿qué pasa cuando no hay figuras paternales o maternales, en fin adultos responsables disponibles para ensayar simbolizaciones? Sucede en muchos casos que el adulto se adolescentiza y se hace el par o lo que es peor asume una reciprocidad explícita.  

El señor desenfrenado que llega furioso porque se entera que le van a secuestrar el vehículo porque su hijo menor conduce sin ninguna documentación y le asesta una trompada al agente de tránsito. Aquellos otros papás que entran a la cancha en que juegan sus hijos y comienzan a repartir piñas al árbitro y demás personas por lo que consideran la sanción de una falta incorrecta. La romería de vecinos ofuscados lanzando piedras a la policía porque los agentes del orden intentan detener a un chorro del barrio.

Escenas de miseria simbólica. Ausencia de apaciguamiento simbolizante. Campo intersubjetivo en que el hambre de uno se junta a la voluntad de comer del otro.

Vale tanto lo dicho para estos casos como para esos lemas generalizantes y vacíos que se colocan a ciertas acciones culturales esperando bonachonamente y de la nada que los melones se vayan acomodando en el camino. Como a la virgencita a la que se colocó en una ermita para que regule la conducta desaprensiva de los vecinos de esa parte de la ciudad para que no arrojen basuras. Simbolización religiosa que viene a suplir desde la fé el trabajo psíquico que debería hacerse sobre el objeto. 

 1* Minerbo, M “Meninas vestem de rosa e meninos vestem de azul”

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