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  • Aún nos quedan las palabras

    Por Carlos Torres

    Se nos fueron haciéndose difíciles las palabras. “Son antiquísimas y recientísimas, viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada” decía Pablo Neruda.

    Se fueron desgastando algunas, otras se volvieron hostiles, otras se transfiguraron, otras cobraron nuevo significado, otras fueron abandonándose con el paso del tiempo. Ni siquiera los diccionarios de las bibliotecas de las escuelas remiten al mismo significado a la hora de definirlas. Sin embargo nacimos para crecer y morir en un mundo creado de una vez y para siempre, fijo e inmutable.

    El valor de la palabra empeñada, el casamiento de una vez y para siempre, ¿por qué se habrían de robar si no es de ellos?, el Banco que siempre cumple, el club del barrio como lugar seguro, la confianza en el policía de la esquina, el soportarlo todo por amor, los hijos que venían con el mandato de cuidar a los padres cuando lleguen a viejos, la madre que amenazaba con el “ahora vas a ver cuando llegue tu papá”, la solidez de las instituciones que se pasaba de generación en generación, la espada y la venda de la justicia como garantía, la irrefutabilidad de la religión, cómo va a salir bueno si es del barrio…

    Cuando creímos que sabíamos todas las respuestas la vida nos presentaba nuevas preguntas. Había que estudiar para ser “alguien” en la vida ¿acaso desde el mismo hecho de ser humanos ya no nos habíamos convertido en “alguien”?.

    ¿Venís hoy?. Tengo mucho trabajo han dicho por allí. Algo no parece congruente en el diálogo. La respuesta del segundo interlocutor no corresponde con los términos en que ha sido formulada la pregunta.

    ¿Tenés fuego?. Sí 

    Tuvimos mucha instrucción pero aún nos cuesta la negociación del significado que resulta necesaria para la construcción del sentido.  Podemos creer que hemos preguntado bien, podemos creer que no nos respondieron adecuadamente, podemos preguntar con la intención de demandar una información, podemos responder gramaticalmente bien pero pragmáticamente en falta.

    “Muchas personas piensan que están pensando, cuando en realidad lo que están haciendo es reacomodando sus prejuicios” sostenía W. James. Y obviamente sosteniendo su machismo, su homofobia, su transfobia, su xenofobia.

    Hay responsabilidades en lo que se comunica. Incluso con la impunidad al aire como en muchos progamas radiales del medio. Allí reina un “todismo” del todo vale, que todo puede ser susceptible de ser tratado caseramente sin especialistas, porque desde estas lógicas se considera no imprescindible consultar cuando los temas son “generación de cristal” y el divagar a la carta, cuando confundir violencia escolar con violencia en la escuela aparece casi como anedcótico, cuando se explayan sobre la juventud- como consumidora de cultura desde los bordes- pero raramente sobre la juventud como prosumidora de cultura y así por delante. 

    ¿Para qué prestigiar el uso de la palabra si la premisa del momento es degradarla?. Porque después de todo lo dicho y escuchado queda siempre esa sensación que debe ser cierto si en la tele o en la radio lo dicen.

    En esa todología hay un vario pinto en todo aquello que se expresa. La escasez llamando a la escasez , la abundancia en cambio siempre en dubitativa espera.

    Hilachas de palabras buscando en vano conectarse. Exhibición de un regodeo pueril del sociolecto presente en el habla de quienes participan al aire.  Floreo de sentencias como verdades absolutas.

    Responsabilidad afectiva es ser consciente de que lo que hacemos o decimos tiene consecuencias y debemos asumir nuestra responsabilidad.

    Así como un hijo no necesita que su mamá o su papá se tatúe su nombre o su fecha de nacimiento. Necesita más bien que se hagan cargo de él. De la misma manera necesitamos hacernos cargo de nuestras palabras, cuidarlas, protegerlas en su resonancia transpirada de sentidos. En su viaje de interpretación hacia esa “otredad” que no es buena ni mala sino simplemente “otra”. En las incomodidades del camino para tratar de ligar un “universal” absoluto con un “particular” situado. 

  • Miseria simbólica

    Por Carlos Torres

    Existe un gesto mediador entre ese vecino que liga a las autoridades de fauna para poner a salvo la vida de un yacaré pichón -en el exacto momento que una turba enceguecida de adolescentes y adultos corren para matarlo a palazos y esa mamá que sorprende y frena al hijo cuando está pintando y realizando actos de vandalismo a una escultura en la plaza. 

    El mismo gesto de Messi, el gran capitán argentino cuando los jugadores argentinos exaltados por el triunfo ante Brasil por la Copa América ensayaron cantos contra los rivales en su propia casa. Esa mano en alto que dice que no y la actitud de reproche frenando la descortesía son procesos de simbolización.

    En los tres ejemplos existe una figura que quiebra la sinrazón, que se interpone a como sea para imaginar otro destino posible, que busca poner en acto asertivo aquello que un principio pareciera resolverse solo desde el impulso.

    Hay un texto de Marión Minerbo en portugués que aborda un poco lo tratado por Freud en “Las pulsiones y sus destinos”, el cual habla de la energía, de una fuerza que nace del cuerpo y coloca en movimiento los procesos psíquicos. Allí se pregunta ¿cómo nace la pulsión?

    Marión Minerbo da un ejemplo de cómo el ambiente ayuda a integrar la pulsión a nivel individual:

    Cuenta que una vez fue a casa de unos amigos. Estaban todos conversando y tomando aperitivos. De pronto, la hija de 5 años del anfitrión que aún se encontraba despierta a esa hora de la noche se aparece en la sala con lápiz labial en la boca. Todos hallaron graciosa la escena. Volvió la niña a su cuarto y reapareció con los ojos maquillados. Todos hallaron gracioso el cuadro. Seguidamente la pequeña fue y regresó con un rubor intensamente rojo en sus mejillas. Todo era exageración y caricatura.

    El padre estaba atento. Percibió que la respuesta de los adultos aumentó y amplificó la excitación de la niña. Gentilmente el padre dijo a su hija:

    -“Hija, ya mostraste a todos que sos muy linda, ahora ya estás en hora de ir a dormir. La cena es solo para adultos”.

    -“Vení, voy a colocarte en la cama y darte un beso de buenas noches”

    En este ejemplo, el padre ayuda a la niña a mantener la excitación en un nivel adecuado. Él no reclama con ella, mandando ya para la cama ni permite que ella continúe seduciendo/siendo seducida por los adultos. Eso muestra que él mismo integró la diferencia entre las generaciones y la interdicción que viene junto con ella. Es por eso que consigue hacer el apaciguamiento simbolizante.

    Cuando el objeto colabora, la niña consigue realizar su parte de trabajo psíquico. Entonces ella va a conseguir jugar de papá y mamá, va a poder identificarse con las interdicciones, etc.

    Si todo da cierto o menos cierto va a conseguir integrar las pulsiones de modo diferente y ellas quedarán para el resto de la vida.

    Es auspicioso que tengamos Ferias del Libro en la región, en la provincia, en la ciudad. Ahora bien si las actividades de promoción de la lectura que se planifican no guardan relación con las prácticas de lectura y escritura que se viven en las escuelas es muy difícil que ese proceso de mediación de no lectores a lectores se profundice. Porque si ese docente que participó junto a sus alumnos de la sesión de cuentos leídos por sus propios autores, les facilita un formulario de la Feria para que escriban tres finales distintos. Si esa experiencia agradó y se notó que los chicos mejoraron en comprensión por qué no continuarla. 

    Cómo se entiende entonces que el mismo docente en la escuela,   después de la lectura de un cuento, les solicita a sus alumnos que señalen palabras esdrújulas, sensaciones olfativas o terminaciones en aba. (Tomado de “Máximas y mínimas sobre estimulación de la lectura de Ricardo Mariño)

     Ahora bien ¿qué pasa cuando no hay figuras paternales o maternales, en fin adultos responsables disponibles para ensayar simbolizaciones? Sucede en muchos casos que el adulto se adolescentiza y se hace el par o lo que es peor asume una reciprocidad explícita.  

    El señor desenfrenado que llega furioso porque se entera que le van a secuestrar el vehículo porque su hijo menor conduce sin ninguna documentación y le asesta una trompada al agente de tránsito. Aquellos otros papás que entran a la cancha en que juegan sus hijos y comienzan a repartir piñas al árbitro y demás personas por lo que consideran la sanción de una falta incorrecta. La romería de vecinos ofuscados lanzando piedras a la policía porque los agentes del orden intentan detener a un chorro del barrio.

    Escenas de miseria simbólica. Ausencia de apaciguamiento simbolizante. Campo intersubjetivo en que el hambre de uno se junta a la voluntad de comer del otro.

    Vale tanto lo dicho para estos casos como para esos lemas generalizantes y vacíos que se colocan a ciertas acciones culturales esperando bonachonamente y de la nada que los melones se vayan acomodando en el camino. Como a la virgencita a la que se colocó en una ermita para que regule la conducta desaprensiva de los vecinos de esa parte de la ciudad para que no arrojen basuras. Simbolización religiosa que viene a suplir desde la fé el trabajo psíquico que debería hacerse sobre el objeto. 

     1* Minerbo, M “Meninas vestem de rosa e meninos vestem de azul”

  • “Ustedes no son artistas”

    Por Carlos Torres.

    Quería contarles una anécdota para arrancar por desplegar la columna de la semana. Basada en hechos reales, pero para preservar la identidad del artista me la reservo. Dicha persona, en oportunidad de tener que efectuar una inscripción “on line” para un concurso X que podría ser de cualquier lenguaje artístico (no viene al caso), el peticionante se sintió fuertemente condicionado por semejante requisito de la organización del encuentro. Indicar la sexualidad en el formulario virtual- conforme su percepción- resultaba una cuestión invasiva y desprovista de toda lógica. El mundo es como es y punto. ¿Qué es eso de andar provocando ese ordenamiento ancestral tan natural?

    Aclaremos que su incomodidad no recaía en la circunstancia de referenciarse binariamente ya que su orientación sexual constituye la de varón (cis). El malestar venía más bien porque había varias opciones al respecto, incluido un rubro quizá más virulento para sus creencias que era la alternativa “otras” (identidades de género).

    Primera constelación de recorrido. No siempre los y las artistas se anticipan al mundo, no siempre quienes hacen arte tienen la mirada más amplia, no siempre los y las artistas tienen empatía. Menos mal que a pesar de los pesares siempre está el ARTE.

    Para quienes viven de los “privilegios”-pequeños privilegios- de participar por ejemplo en un concurso/encuentro artístico (esto es, desde su filiación sexual binaria, de clase, de origen, de formación académica, de un completamiento simple para inscribirse a la convocatoria como un mero trámite etc) la mención del sexo biológico hasta podría parecer innecesaria, antojadiza. Inclusive-haciendo una concesión de sentidos- de “sesgo ideológico” si se quiere, sobre todo cuando el enclave de ideas genera urticaria de solo mencionar ciertas palabras.

    Ahora bien, lo que nuestro personaje no sabe o ignora radica en el hecho de que si quien peticiona un lugar en la grilla es una chica o chico “trans” por ejemplo, porque allí decididamente la cuestión se complejiza. 

    Segunda constelación: pensar esta suerte de discriminación positiva del malestar. ¿Por qué un lugar preferencial para las personas “trans” en el arte?

    Existe una necesidad de que estas acciones afirmativas hacia el colectivo “trans” sean contempladas desde la “interseccionalidad”. Si queremos imaginar realidades vulneradas en nuestra sociedad, un buen ejercicio consiste en atravesar la identidad “trans” o “travesti”. Cualquier cuerpo marginado en nuestro país si, a la vez fuera trans bajaría a casi la mitad de su expectativa de vida; su acceso al mundo del trabajo se reduciría a la explotación sexual desde la adolescencia, seguramente sería una persona excluida del sistema educativo a edad temprana, habría sido víctima probablemente violencia física, incluso su propia familia la habría expulsado de su casa.

    Me pregunto cuántos Juan X existen por ahí, referenciándolo a través de un nombre de ficción a nuestro indignado artista por la interpelación que le generó la ficha de inscripción a una muestra artística que para él era un mero trámite. Podemos inclusive ensayar unas cuantas preguntas más al respecto. ¿Qué lugar ocupa la perspectiva de género en la ESI de los institutos de formación artística? ¿Qué papel juega la identidad provincial fija e inmutable en la transmisión de la cultura? ¿En qué medida las prácticas culturales visibilizan y apoyan el arte de las personas no binarias? ¿Qué posibilidades tienen a sazón las personas trans en el acceso y disfrute de la cultura?

    Tercera constelación. Lo auspicioso y deseable sería permitir que las infancias trans, la adolescencia trans, las personas trans se sientan con la libertad de expresarse como artistas y entrar a las casas de estudio de arte, formarse.

    ¿Es un reclamo banal esto de luchar por un espacio para los y las artistas trans? ¿Alguien sabe lo que cuesta todo el tiempo tener que traducir para una cultura hegemónica el lugar en que se encuentran las disidencias cuando no son productoras de sus ideas?

    En el carnaval de Corrientes todavía se disputa el premio al mejor traje masculino y al mejor traje femenino. Esta tensión de los cuerpos a una estructura no es ingenua. La lógica de inscripción al concurso está impregnada en la misma inquietud del artista con que arrancamos la columna. En el carnaval barrial al menos queda la posibilidad de cubrir el puesto de “representante de la diversidad”. Elecciones siempre vigiladas desde criterios heteronormativos sobre las personas trans.

    Convengamos además, que el idioma debería aprender a traducir lo más amorosamente posible para que nadie quede afuera de todo. Colocar a las personas trans en un lugar binario es lisa y llanamente violencia de género.

    Cuarta constelación. El cambio debe ser cultural. Si con documentos de identidad existen problemas de categorización para que las personas trans puedan ser partícipes de la cultura, imagínense la invisibilización y crueldad con la que se las siguen matando.

    En este marco reivindicativo nació hace cuatro años el proyecto Siete Colores Diversidad, una compañía teatral autogestiva, impulsada por personas travestis/trans y personas no binarias https://latinta.com.ar/2020/04/arte-trans-bancar-golpes-pandemia/.  En pandemia el objetivo fue sumarse a las demás ofertas culturales que existen por estos días en la red, pero con la importante tarea de recaudar dinero para las personas del colectivo diverso que necesitan una asistencia por la recesión económica. Las obras estuvieron disponibles en la plataforma de YouTube y quienes las vean van a poder colaborar a través de distintos links de Mercado Pago. Se pueden ver dos obras. “Calabozo en la 25”  que es una obra de cuatro chicas trans detenidas en un calabozo en la 25, una comisaría de Capital Federal por los códigos contravencionales, edictos policiales, que hace 15 años o 20 años impedían que salieran a la calle. Y, también se puede ver “Sí señora, sí” que habla de la racialización de mujeres mal llamadas empleadas domésticas. Es un unipersonal en el cual se habla sobre toda la situación que viven las hermanas y las mujeres que son invisibles. 

    Otro ejemplo de recuperación de las voces de las protagonistas es la Revista “El Teje”, revista travesti   https://elteje.com/el-teje-historico  «El Teje” fue una publicación del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, promovida por las áreas de Tecnologías del Género y Comunicación a partir del taller de “Crónica e investigación periodística” coordinado originalmente por María Moreno sobre una idea de Paula Viturro en articulación con Futuro Trans con la visión política-pedagógica de Marlene Wayar. El Teje capacitó a un grupo de la comunidad Trans, en especial aquellas en situación de prostitución, en Periodismo (crónicas e investigación) para apropiarse de la voz en primera persona, re-construir la memoria, co-construir otros sitios posibles en el imaginario travesti y visibilizar la producción de cultura sistemáticamente negada, intentando impactar en la sociedad para lograr su inclusión y el respeto por su identidad. La publicación fue de distribución gratuita y se convirtió en un verdadero espacio de diálogo intra/extra-comunitario.

    El Teje original produjo 7 números resultado del trabajo semestral en el aula-taller y funcionó desde el 2007 al 2012. Contó con el apoyo financiero de Astraea Fundation y del Centro Cultural de España en Buenos Aires.

    “El Teje, primer periódico travesti latinoamericano” recibió el Premio “Lola Mora” en la categoría Prensa Alternativa otorgado por la Dirección General de la Mujer del GCBA y el subsidio del Fondo Metropolitano para las Artes y las Ciencias de CABA para digitalizar su contenido, entre otros.

    Debería ser de interés general el diseño, fomento, promoción, producción e implementación de programas y políticas culturales, así como la incorporación de la perspectiva de identidad de género e identidades trans en los diferentes sistemas existentes de becas, asignación de fondos y acceso a los bienes culturales, tanto de carácter público como privado.

    Para cerrar esta columna pensemos a cuántos artistas el museo, la academia, la crítica, el mercado del arte les han dicho de variadas formas “ustedes no son artistas”. Estamos a tiempo de correr el velo y sacar del gueto tanto arte considerado aún prohibido, arte de espacio privado, arte de performatividades y subjetividades consideradas subversivas.

    Comencemos por educar a llenar una ficha de inscripción a una muestra artística sin prejuicios androcentristas.

    Imagen: «Camila Prins», sacudiendo tabúes en el carnaval de Brasil.

  • Ph: @Bycorrales

    Chamame Universal. Por Carlos Torres

    Ph: @bycorrales

    El chamamé se convirtió en el tercer bien cultural argentino declarado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, luego del tango y el fileteado porteño. Más allá de la consecución de metas por parte de las instancias involucradas en tal logro, resulta interesante detenernos a pensar un poco respecto a qué y cómo nos interpela -desde un criterio intercultural- el hecho de ser universal. ¿Patrimonio cultural inmaterial o patrimonialización de la cultura? 

    ¿Qué hay detrás de la patrimonialización de las prácticas culturales?. ¿Qué parte de la conceptualización tradicional, de la visión esencialista del patrimonio, de la apropiación material y simbólica de ésta por parte de los grupos hegemónicos se construye sin tener en cuenta la diversidad de sujetos que construyen dichos patrimonios? ¿Qué papel juega el patrimonio como categoría conceptual en la consecuente valorización y jerarquización de determinadas obras o expresiones a expensas de otras?

    Perteneciente o relativo al universo. Que comprende o es común a todos en su especie sin excepción de ninguno confiere la definición de “universal”, remite el diccionario ante la requisitoria por tratar de definir el término “universal”.

    La universalidad de un pensamiento, puede ser el alcance y la magnitud del conocimiento, enseñanza y sabiduría que sea capaz de propagar en un amplio espectro y en múltiples direcciones en la vida y obra de la humanidad. De esta manera se enmarca el propósito por intentar brindar alcances y significados a la expresión.

    De qué manera nos interpela la declaración de universalidad del chamamé. ¿Es la letra de tal declaración solo un puñado de buenas intenciones desde lo discursivo? O una propuesta para ampliar el mercado de consumo sin alterar el estado de la situación. En el mientras tanto, los efectos de los interpretantes de una identidad correntina siguen mostrando los dientes, en vigilante actitud defensiva ante los cambios. 

    En las coreografías de la música/danza del chamamé el galanteo es siempre masculino y a la mujer le queda marcar- por todo- un “escobilleo” como alternativa y aceptación pasiva de seducción. ¿Acaso el placer y el goce son solo atributos de paisano?¿Por qué no aparecen gitanos (como colectivo visible) o parejas de sexualidad disidente en las publicidades de la gran Fiesta? ¿En qué medida las canciones inéditas abordan las temáticas actuales como la cuestión ambiental, la violencia de género, la niñas que son madres por causa de una violación, el trabajo infantil…?

    El patrimonio cultural inmaterial ¿un término inconveniente? Un aspecto problemático es el uso singular del término “patrimonio” ya que remite a una singularidad con un mismo sentido de pertenencia grupal y no un conjunto de manifestaciones diversas.

    Lo universal comprende a todos, aquello que es común, sin excepción a ninguno, que es capaz de propagarse en múltiples direcciones.

    Les propongo un recorrido de “constelaciones” en este universo chamamé para procurar entender la cuestión. La primera constelación nos remite a una pseudoinclusión, aquella que declama que la verdadera inclusión es aprender lengua de señas y braille y no necesariamente hablar con lenguaje no sexista.  

    Imaginense por ejemplo una noche de transmisión de la Fiesta Nacional del Chamamé donde hay alguien que oficia las veces de intérprete de lengua de señas y que transmite supuestamente de manera inclusiva para todas las personas del mundo que consiguen acompañar la señal de transmisión. Primer error, la lengua de señas no es “universal”.  La Federación Mundial de Personas Sordas señala que en el mundo existen más de 300 lenguas de señas, cifra complementaria a las casi siete mil lenguas orales existentes, entre ellas por ejemplo el idioma inglés o español. Cada lengua de señas posee estructuras sintácticas en constante desarrollo inherentes a una lengua y gramática propias que permitan la representación del mundo con las manos, con características visogestuales propias de esa lengua.

    De esta manera, dejando entrar un poco de luz recién se pueden comenzar a abrir otros nudos. La platea asistente -de pronto- puede estar riendo cómplicemente con el chiste del humorista que ocupa transitoriamente el escenario mayor- pero quien efectúa las veces de intérprete de lengua de seña por su vez- se encuentre pasando por un difícil brete a la hora de poner en gestos las estigmatizaciones propias de la identidad que propone el cuentista. Tensión que a veces se muestra harto evidente ante las cámaras porque no se consigue encontrar -en simultáneo- apuntadores de discriminación que permitan negociar sentidos a la distancia para espectadores brasileños o paraguayos por ejemplo.  De esa manera el lenguaje androcentrista se impone y gana el escenario de significación, invisibilizando con mayor recurrencia a las mujeres e identidades disidentes, a las discapacidades diversas y a las pertenencias étnicas.

    Una segunda constelación tiene que ver con el hecho de que tiene media sanción el proyecto de ley para la declaración del sapucay como patrimonio inmaterial de la humanidad presentada por Norberto Ast. De la misma manera que lo descripto anteriormente la fundamentación del proyecto también carga con un fuerte sesgo androcentrista. Sostiene que el sapucay es un grito de hombre, esencia de hombre, grito de paisano correntino. 

    Se me viene a la mente la imagen de una señora alzando el cartelito de promoción de un vino, en plena Fiesta Nacional del Chamamé, intentando que la cámara la tome y lanzando al aire un estruendoso sapucay.  En ese cartel, en ese grito contestatario y el saludo a una localidad del interior hay mucho de replanteo a la pretendida “esencia de hombre”. En este caso también viene a disputar sentidos acerca del porqué del grito, a interpelar que el estado de ánimo y sobre todo la celebración del goce tampoco tienen emisor único, exclusivo y excluyente.

    Viene también a negociar la fijeza de la tradición y supremacía de los conjuntos de chamameceros hombres. Siempre se dijo que no había suficientes mujeres músicas y que no eran convocantes, dando a entender que la música era solo territorio masculino.  

    La Ley de Cupo Femenino en eventos musicales, la primera a nivel mundial de este tipo, se aprobó en noviembre de 2019 y establece un mínimo de 30 por ciento de mujeres solistas y/o agrupaciones musicales mixtas en los eventos que convoquen a más de tres agrupaciones musicales, siendo el INAMU (Instituto Nacional de Música) la autoridad de aplicación. Paradójicamente Corrientes, Tucumán y Tierra del Fuego son las provincias que restan promulgar la ley de Paridad de Género.

    Tanto para desanudar en ese patrimonio inmaterial cultural, mucho para quebrar, bastante para abrir la madeja para que las mujeres dejen de ser meras espectadoras para pasar a subir a los escenarios y tener participación. 

    Una tercera constelación radica en el problema de que invariablemente el término “patrimonio” va seguido de una noción de propiedad.  Consecuentemente  ¿será que este  envión de reconocimiento mundial  remueve sin más algunas mezquindades de pago chico? 

    Pienso en algunas manifestaciones no muy lejanas como las protagonizadas por Nahiara Saucedo y Juan Cruz Manrique dos bailarines chaqueños integrantes del Taller Danzas Bagual Fuentes de la localidad de Fontana que formaron parte del espectáculo “Argentum” que se llevó a cabo en el teatro Colón en el marco del G20. Poco de lo universal recogían las manifestaciones en redes sociales y radiales de Corrientes cuestionando la legitimidad de la representatividad para estar en el primer coliseo argentino, un cosquilleo de que hayan sido chaqueños y no correntinos los representantes para bailar el segmento de chamamé en el encuentro de líderes del mundo. Esto nos lleva a pensar si en verdad se puede pasar por alto que una declaración   deje en pausa los procesos internos que complican la apertura e invitación plural de ser chamamé.  Incluir-recordemos- no es solamente dejar entrar, sino dar la bienvenida. 

    De la misma manera que sigue sin entenderse por qué en varios países se dejó de lado la noción de reinas y aunque si bien se ha suplantado por la de “representante” el malestar mantiene su carga de desconfianza latente. En una fiesta que históricamente siempre tuvo reina y nunca rey, como manto omnipresente agitado por una masculinidad frágil, que privilegia mantener lo macho por sobre todas las cosas.  En este contexto con solo pensar que la representante de la fiesta no sea correntina, que la pareja nacional sea de otra nacionalidad o que alguien pueda bailar mejor que otro correntino y coloque en riesgo de pureza de raza en la elección del “Jeroky Yara” o “Dueño del baile” origina una auténtica indefensión semiótica que aún desestabiliza. Estrategias en fin para que “ñanderecó” (nuestra forma de ser) no resulte alterada. 

    La noción del patrimonio universal como propiedad, como una “manera de ser” según el lema de una de las ediciones de la Fiesta Nacional del Chamamé y del Mercosur también impregna lo espiritual y religioso. La prefiguración de rasgos esencialistas a seguir como únicos valores aspiracionales complica también este camino ante las diferentes formas en que el ser superior encarna o adopta. ¿No estaremos a tiempo para imaginar una bendición religiosa de la Fiesta más ecuménica por ejemplo? Como dirían los paisanos que el árbol no nos tape el bosque. La variedad de credos y de creyentes que pueden gustar del chamamé quizá también prefieran, estar amparados por esta bandera de lo “universal”, sin tranqueras de identidad fosilizada, con un plus de no “ser” para siempre chamamé sino de “estar siendo”. Y que en definitiva la vigencia y trascendencia más allá del tiempo sea justamente esta delicada alquimia entre aquello que se conserva y lo otro que se transforma.

    Que el chamamé que se escucha en las bailantas como manifestación cultural que no distingue clases sociales tenga la oportunidad de celebración propia en un ambiente integrador. Que las identidades involucradas sean plurales con “s” y no restrictivas. Que como bien heredado continúe siempre vivo y dispuesto a transformarse. Que la nación chamamecera sea el verdadero patrimonio que nos enlaza e identifica en el sentimiento. “Sentimientos” que por el momento se recusan de ser patrimonializados y no están disponibles en listas de rasgos fosilizados. 

  • Semblanza de Raúl Sorabella

    Se extraña el humor de aquella vieja dicharachera

    Por Carlos Daniel Torres

    ¿De qué nos reímos quienes habitamos esta parte del país? ¿Nos causa gracia en verdad las mismas cosas a chaqueños, correntinos, misioneros, formoseños? 

    Siendo una región habitada por pueblos originarios ¿acaso conocemos y se encuentra difundido ese tipo de humor ancestral?¿o solo conocemos el humor criollo/blanco/conquistador?. ¿Qué pasa y que nos pasa cuando consumimos un chiste que hoy dejó de resultar gracioso? ¿En qué medida aceptamos reírnos de nosotros mismos cuando se alcanza las vísceras mismas de la idiosincrasia?. Alguna vez el maestro Luis Landriscina se preguntó incluso si en verdad el “correntino” tenía humor, levantando una ola de incomodidades de las que tuvo más tarde que desdecirse (convencido o no).

    La risa o bien el sentido del humor son más bien cualidades únicas del ser humano, que hace que se lo distinga de todos los otros seres vivos. Su aparición es tan ancestral como el miedo y el instinto. Chasquido, carcajada, risotada, risita, sonrisa son los modos de manifestarse y adquieren dichos nombres de acuerdo a cómo sea su duración, el tono y las características.

    Nada más oportuno para traer a escena el recuerdo del humor inolvidable de Raúl Sorbella: bailarín,coreógrafo,actor,director de teatro y docente. Fue durante muchos años Porta-estandarte de Copacabana y figura de la comparsa. Se inmortalizó con su personaje «Doña Conché», una vieja dicharachera- que según Isaco Abitbol, decía era su novia.

    Muchos años después de la temprana partida de Sorabella, otros correntinos intentaron el camino de hacer humor desde el “transformismo” apelando a una estética con todos los tatuajes socioculturales de la época.

    A este recoger los guantes del legado por hacer trascender el humor de esta parte del país, mientras los cultores actuales hablan más de madres luchonas desde lo caricaturesco, las paternidades abandónicas gozan por contrapartida de un silencio benefactor …  pareciera incluso no ser materia risible. 

    Al humor, Raúl Sorabella le puso arte. Se capacitó en la Escuela de Alejandra Boero, durante tres intensos años durante su periplo porteño. En su histrionismo tan “único” quizá haya un poco de aquella épica de cuando conformó grupos de teatro durante los primeros años de la secundaria. Le agregó tal vez una pisca de conocimientos adquiridos en distintos talleres de entrenamiento actoral que cursó con maestros de la Provincia. Es bueno recordar también que de este trabajo surgió el Taller de Teatro “del Guarán”, siendo él, uno de sus fundadores. Vinieron ‘Y Juan Moreira fue‘, ‘Animas de día claro‘, ‘Picnic en el campo de batalla‘, ‘El Reino del estornudo‘ y otras.

    En la fina ironía de aquella inocente viejecita había mucho de café-concert. Mucho vuelo creativo de su audaz, provocador, ingenioso y controvertido mentor. Siempre fiel a sí mismo, siempre tan genuino consigo mismo. 

    En este tránsito experiencial actoral lo llevó a Rául Sorabella a descubrir nuevos horizontes dentro del mundo teatral. Por eso justamente ese tipo de humor no se agotaba en latiguillos de frases en búsqueda del efecto rápido para provocar la risa. Sus disparates transpiraban reflexión, sus ocurrencias chapoteaban sabiamente en el fango de la denuncia social, la sátira de la hipocresía de aldea que surgía -sin presiones ni cuidados- por lo que irían a decir.

    Aún con sus silencios en pista, la risa se filtraba tras cada gesto. En esos pequeños intervalos mientras la vieja pitaba su portentoso cigarro. Allí brotaban y explotaban las verdades como pororó. Esas pequeñas ráfagas de Café Tortoni, esos remates tan ingeniosos pegados en su alma peregrina por tantas funciones en el Centro Cultural San Martín y distintos espacios alternativos. Siempre llevando la idiosincrasia correntina de la mano de esa entrañable y querible decidora de verdades.

    A través de la osadía para la época de presentar a una vieja “dicharachera” que eligió como bandera la denuncia social, Sorabella por tras del personaje de Doña Conché también permitió ingresar otro tipo de humor. 

    Doña Conché vino a colocarle voz y presencia a una figura femenina. Campo en el que el humor provinciano no resultó del todo “hospitalario” a la hora de reírse de alguien y más si ese otro “alguien” estaba constituido por un varón. Por ende- voluntaria o involuntariamente- surgió la tensión si nos reímos de alguien o si nos permitimos reírnos “con alguien”. 

    Traspolado a los tiempos que corren, el personaje de la vieja decidora y sagaz seguramente seguiría siendo renuente al uso de las nuevas tecnologías, como lo fue cuando la voz de su autor estaba aún entre nosotros. Tal vez renunciaría a la bandera que otros coterráneos lo hacen-con muchísimos seguidores- so pretexto de mantener la vigencia de ese caudal de acompañamiento. Si lo chabacano es ley, entonces hay que prestarse al circo militarían desde esa otra orilla.

    Doña Conché siempre fue una abuelita imprudente y recatada a la vez, contradictoriamente contestataria otras veces, con un provincianismo impregnado de expresiones propias del avañe’ẽ.  Así hacía reír a su gente y así también creaba la complicidad para saber interpretarla. Su desparpajo era pueblerino e ingenuo y no de ciudad. Menos afecta a esos entramados verbales urbanos -que más de uno se quedaría pensando- si en verdad hacían falta decirlos para hacer reír.

    Hasta cuando la entrevistaban “en personaje” a través de los medios, Doña Conché marcaba la cancha de lo que podía hablar y de lo que no.  Su lado gracioso nunca vino por el costado de la hipersexualización, no generó humor a partir de estereotipos de género ni de clase, más bien los colocó en tensión. No provocó por medio de palabras subidas de tono a mansalva y sin sentido. Tampoco por la argamasa de los entretelones de intrigas familiares, infidelidades y prejuicios estéticos.

    Las perplejidades de “la Gladys”, (nieta de Doña Conché) atravesando una adolescencia con hormonas en despliegue, nunca fueron obstáculo para obtener gracia del desparpajo de la guainita. Lo gracioso venía por el lado de lo sugerido y sugerente, nunca de la explicitación morbosa. En este tipo de humor, a pesar de una sociedad tan “pacata” nunca se dejó de hablar de deseos y cuerpos desobedientes a la moral y las buenas costumbres.  Aún amparada en sus pruritos de recato, la ficción presentada por Sorabella siempre estuvo pintada por un tipo de familia “no tradicional”, en las que resultaban excluyentes solo abuela y nieta. Propuesta artística en la cual la risa siempre fue un lugar de resistencia.

    Lo visionario de Sorabella respecto al personaje en cuestión -en el contexto del humor  correntino en particular- radica quizá en su visión de futuro para predecir un cambio de época y no una época de cambios.

    En una semblanza, su compañero de vida lo describió magistralmente. Nada mejor entonces que recordar las palabras de Thierry Calderón de la Barca (dramaturgo, narrador, poeta, pedagogo de teatro y co-fundador junto a Raúl de ‘El Aleph, Grupo de Teatro Breve):  “Generosa fue su entrega. Y marcó para siempre la estética de la región. Hay un antes y un después de él. Propició, sin saberlo, un reacomodamiento en el espectro teatral correntino. Y así surgieron nuevos actores y nuevos grupos. Un viento de renovación, que no cesa de señalarnos el camino”.

  • Aprendiendo a barajar y dar de vuelta sobre lo identitario

    Por Carlos Torres

    El lema de la Fiesta Nacional del Chamamé 2020 fue “Nuestra manera de ser”, que en guaraní sería “Ñadereko”. Hay una identidad de talle único generalmente dispuesta desde la recursividad de la escritura que ha calado muy hondo en estas tierras. De generación a generación esta matriz fue transmitida como valor supremo y en el que la escuela ejerció una propaganda a favor, para nada ingenua.  

    En el intento por definir de alguna manera la “correntinidad” o lo “correntino” parece existe a priori una manera aparentemente fija y preexistente, inmutable y trascendente, a la que hay que fortalecer-como valor deseable- y en el que la educación ha tenido un papel importante. La definición otorga una especie de garantía a la hora de moldear la raza. Por eso tal vez haya gente por esta redondez de mundo que no entienda el sentido de cambiar el día de la raza por el día del respeto a la diversidad cultural. Sobre todo cuando “la diversidad” suena a amenaza.

    En tiempos compulsivos de pandemia, la salud y la educación han sido recurrentemente foco de análisis y tensiones al respecto. Desde esa entidad “supra” de nuestra manera de ser todo se justifica, todo se explica, todo encuentra razón de ser. Entre otras consecuencias- la enfermedad- paradójicamente trajo un poco de actualización de ese sentido patrio chico. Algo así como la manera local de convivir con el virus.

    Así como a primeras luces resulta interesante pensar que si bien el chamamé, música y danza, sintetizan una manera de ser correntina, no es menos cierto que también identifica a una amplísima región. Primer desencanto. A renglón seguido y como restricción a una pseudo exclusividad convengamos que “el chamamé no es solo correntino”. Segundo desencanto.

    Para ser más específicos el Artículo 16   inciso g)  de la Ley de Educación de Corrientes correspondiente a los objetivos de la misma,  al referirse a la identidad provincial se la enuncia desde una perspectiva singular, supuestamente en bloque. Esta identidad invisibiliza por lo tanto o prescinde de hecho: los matices, mezclas e intersecciones existentes hacia el interior.

    El regreso a la presencialidad escolar en tierras guaraníes en tiempos de covid es una vuelta envuelta en ese tinte local .El correntino es corajudo, es valiente, es arriesgado, es solidario…reza el protocolo ahistórico de identidad. Es…es… es…con esa carga performativa de “ser” y no darse el permiso nunca de “estar siendo” so pretexto de herejia. 

    Desde esa perspectiva el amperímetro de correntinidad no se mueve si no es venir de la peregrinación con ampollas porque de lo contrario no cumple su legado la inmolación a los pies de la virgencita. Superar la crueldad de atravesar las brasas en homenaje a San Juan Bautista es un rito que pone a prueba el coraje. Entregar los hijos para la guerra es un acto de patriotismo. Pedagogías de la crueldad que están bendecidas en aras del sostenimiento del ideal identitario.

    Lejos de la preocupación por los vínculos en riesgo entre docentes y alumnos, más allá de lo que la virtualidad -acompaña pero no reemplaza- surgen las pequeñas localías que no solamente reflejan sino que refractan el mundo.  Mientras el sistema muestra caminos, los pibes y pibas toman atajos. Habitan la escuela no desde una planilla de excel sino desde entramados experienciales y… ¿qué sería entonces la experiencia en este caso?…simplemente todo aquello que les pasa al alumnado y a la docencia a la hora de poner en palabras y gestos lo que significa “habitar” la escuela en tiempos de crisis. 

    Tiempos de manifestaciones de padres y madres queriendo la restitución de la presencialidad, idénticas muestras de otros padres y madres en sentido contrario, solicitando se prioricen las clases virtuales en busca de mejores condiciones de regreso a la escuela. Escuelas convengamos que nunca estuvieron cerradas.

    El regreso a las aulas mueve todos los interpretantes de esa identidad correntina perfectamente abroquelada en el texto ordenador de la educación correntina. Que chicos y chicas usen barbijos pero no temáticos, no sea que un aluvión contestatario a la homogeneidad imaginada dañe aquello que no se promueve. La misma virulencia con que el Ministerio se expresó sobre la no obligatoriedad del cobro de cooperadora para inscribirse en una escuela pública no tiene la misma eficacia cuando se trata de cuerpos y vestimentas. El silencio no siempre es ausencia sino también delación y presencia a partir de lo no dicho.

    Los colores de los tapabocas deberán ser aprobados por las autoridades institucionales todo dentro de la restricción de lo binario seguramente. Los gorros atentan contra la estética de presentación. Principalmente que no usen gorritas con visera, aunque sea lo único que los alumnos dispongan en las casas . De última, la cooperadora vende barbijos y gorritos con el logo del establecimiento aunque las autoridades superiores no lo avalen.  Pandemia y frío formateados. La reactancia (anterior a la pandemia) de cerrar el portón y restringir la entrada a la escuela por el largo de la pollera para las chicas y porque el cabello de los chicos- excede la medida de un dedo- permanecen intactas. Felizmente se aumentó el número de personas vacunadas. La intransigencia para salir de la contingencia, bien a Dios gracias. La virtualidad a veces no presenta tanta dificultades como los vínculos cara a cara tan declamados. Excepto la permanente disposición de los y las docentes.

    Urge por tanto desatar un poco el nudo de verdades abroqueladas y la maquinaria semiótica de significar.

    “Nuestra manera de ser”. La irracionalidad desde lo institucional que nunca es ingenua. Aquellas decisiones que interpelan seriamente las políticas del cuidado. ¿Y la hospitalidad? El correntino es amable y servicial. ¿Dónde quedó la preocupación de asegurar el vínculo con la escuela? El correntino es corajudo. ¿Será que el logo del colegio o el color del tapaboca evita el contagio? ya que usarlo responsablemente independientemente del diseño y color del barbijo no alcanza. ¿Acaso el personal de salud no tuvo que ocultar el propio unifome para preservarse debajo del disfraz de astronauta? Pero la escuela no. No sea toquen algún sentido prefigurativo del “ser”.

    Retomando la Identidad provincial convengamos que el legado es presentado esencialmente a través de lo que el texto jurídico entiende como un origen común, o bien como el cúmulo de características compartidas con otras personas y/o grupo o con un ideal. Las mismas parecerían estar siempre valladas desde la solidaridad y la lealtad establecidas sobre la base de este fundamento. El regreso a la presencialidad también constituye una especie de reaseguro de lo que debe ser aprendido en la escuela.

    El Tamborcito de Tacuarí es un niño héroe y su entrada a la historia está marcada por adultos, celebrada por adultos y con linaje apropiado para representar la identidad deseada. Pobre Ramón Ignacio González. La inmolación profana y no voluntaria de niño mercedeño, quizá resulten un tanto “indignas” para incluirlas en el calendario escolar. El niño Pedro Ríos tenía su edad. La historia enseñará a los niños correntinos que lo del tamborcito de Tacuarí fue un filicidio épico, transmutado en valor deseable. La heroicidad según la “correntinidad” está marcada por cómo se entrega un hijo para la guerra…lo otro sólo un cadáver descuartizado olvidable -resultado de ritos satánicos- y cubierto de hojas de tártago.

    ¿Qué parte de la historia aún no se entendió que estamos en pandemia?

    Volviendo al ruedo, si se asume la presencialidad como preocupación, al menos ¿no sería adecuado dejar en suspenso el formateo de cuerpos y vestimentas? Pensando un poco en la ferocidad del panorama que nos acecha. No sé… alguna moratoria de sentidos menos crueles. Hay muchas penurias y pérdidas que las familias han tenido en el transcurso como para sumarles otro «prurito», so pretexto que el saber con gorras no entra. 

    Configuraciones identitarias en fin que abonan por los mitos, leyendas y costumbres regionales pero se escandalizan cuando al Ballet Oficial de la Fiesta Nacional del Chamamé se le ocurre escenificar al pombero exhibiendo su miembro viril enorme y enredado. Lo sagrado quedará siempre en letras de molde, lo profano seguramente será estigmatizado y silenciado. Nuestra manera de ser. ¿Será?