Aprendiendo a barajar y dar de vuelta sobre lo identitario

Por Carlos Torres

El lema de la Fiesta Nacional del Chamamé 2020 fue “Nuestra manera de ser”, que en guaraní sería “Ñadereko”. Hay una identidad de talle único generalmente dispuesta desde la recursividad de la escritura que ha calado muy hondo en estas tierras. De generación a generación esta matriz fue transmitida como valor supremo y en el que la escuela ejerció una propaganda a favor, para nada ingenua.  

En el intento por definir de alguna manera la “correntinidad” o lo “correntino” parece existe a priori una manera aparentemente fija y preexistente, inmutable y trascendente, a la que hay que fortalecer-como valor deseable- y en el que la educación ha tenido un papel importante. La definición otorga una especie de garantía a la hora de moldear la raza. Por eso tal vez haya gente por esta redondez de mundo que no entienda el sentido de cambiar el día de la raza por el día del respeto a la diversidad cultural. Sobre todo cuando “la diversidad” suena a amenaza.

En tiempos compulsivos de pandemia, la salud y la educación han sido recurrentemente foco de análisis y tensiones al respecto. Desde esa entidad “supra” de nuestra manera de ser todo se justifica, todo se explica, todo encuentra razón de ser. Entre otras consecuencias- la enfermedad- paradójicamente trajo un poco de actualización de ese sentido patrio chico. Algo así como la manera local de convivir con el virus.

Así como a primeras luces resulta interesante pensar que si bien el chamamé, música y danza, sintetizan una manera de ser correntina, no es menos cierto que también identifica a una amplísima región. Primer desencanto. A renglón seguido y como restricción a una pseudo exclusividad convengamos que “el chamamé no es solo correntino”. Segundo desencanto.

Para ser más específicos el Artículo 16   inciso g)  de la Ley de Educación de Corrientes correspondiente a los objetivos de la misma,  al referirse a la identidad provincial se la enuncia desde una perspectiva singular, supuestamente en bloque. Esta identidad invisibiliza por lo tanto o prescinde de hecho: los matices, mezclas e intersecciones existentes hacia el interior.

El regreso a la presencialidad escolar en tierras guaraníes en tiempos de covid es una vuelta envuelta en ese tinte local .El correntino es corajudo, es valiente, es arriesgado, es solidario…reza el protocolo ahistórico de identidad. Es…es… es…con esa carga performativa de “ser” y no darse el permiso nunca de “estar siendo” so pretexto de herejia. 

Desde esa perspectiva el amperímetro de correntinidad no se mueve si no es venir de la peregrinación con ampollas porque de lo contrario no cumple su legado la inmolación a los pies de la virgencita. Superar la crueldad de atravesar las brasas en homenaje a San Juan Bautista es un rito que pone a prueba el coraje. Entregar los hijos para la guerra es un acto de patriotismo. Pedagogías de la crueldad que están bendecidas en aras del sostenimiento del ideal identitario.

Lejos de la preocupación por los vínculos en riesgo entre docentes y alumnos, más allá de lo que la virtualidad -acompaña pero no reemplaza- surgen las pequeñas localías que no solamente reflejan sino que refractan el mundo.  Mientras el sistema muestra caminos, los pibes y pibas toman atajos. Habitan la escuela no desde una planilla de excel sino desde entramados experienciales y… ¿qué sería entonces la experiencia en este caso?…simplemente todo aquello que les pasa al alumnado y a la docencia a la hora de poner en palabras y gestos lo que significa “habitar” la escuela en tiempos de crisis. 

Tiempos de manifestaciones de padres y madres queriendo la restitución de la presencialidad, idénticas muestras de otros padres y madres en sentido contrario, solicitando se prioricen las clases virtuales en busca de mejores condiciones de regreso a la escuela. Escuelas convengamos que nunca estuvieron cerradas.

El regreso a las aulas mueve todos los interpretantes de esa identidad correntina perfectamente abroquelada en el texto ordenador de la educación correntina. Que chicos y chicas usen barbijos pero no temáticos, no sea que un aluvión contestatario a la homogeneidad imaginada dañe aquello que no se promueve. La misma virulencia con que el Ministerio se expresó sobre la no obligatoriedad del cobro de cooperadora para inscribirse en una escuela pública no tiene la misma eficacia cuando se trata de cuerpos y vestimentas. El silencio no siempre es ausencia sino también delación y presencia a partir de lo no dicho.

Los colores de los tapabocas deberán ser aprobados por las autoridades institucionales todo dentro de la restricción de lo binario seguramente. Los gorros atentan contra la estética de presentación. Principalmente que no usen gorritas con visera, aunque sea lo único que los alumnos dispongan en las casas . De última, la cooperadora vende barbijos y gorritos con el logo del establecimiento aunque las autoridades superiores no lo avalen.  Pandemia y frío formateados. La reactancia (anterior a la pandemia) de cerrar el portón y restringir la entrada a la escuela por el largo de la pollera para las chicas y porque el cabello de los chicos- excede la medida de un dedo- permanecen intactas. Felizmente se aumentó el número de personas vacunadas. La intransigencia para salir de la contingencia, bien a Dios gracias. La virtualidad a veces no presenta tanta dificultades como los vínculos cara a cara tan declamados. Excepto la permanente disposición de los y las docentes.

Urge por tanto desatar un poco el nudo de verdades abroqueladas y la maquinaria semiótica de significar.

“Nuestra manera de ser”. La irracionalidad desde lo institucional que nunca es ingenua. Aquellas decisiones que interpelan seriamente las políticas del cuidado. ¿Y la hospitalidad? El correntino es amable y servicial. ¿Dónde quedó la preocupación de asegurar el vínculo con la escuela? El correntino es corajudo. ¿Será que el logo del colegio o el color del tapaboca evita el contagio? ya que usarlo responsablemente independientemente del diseño y color del barbijo no alcanza. ¿Acaso el personal de salud no tuvo que ocultar el propio unifome para preservarse debajo del disfraz de astronauta? Pero la escuela no. No sea toquen algún sentido prefigurativo del “ser”.

Retomando la Identidad provincial convengamos que el legado es presentado esencialmente a través de lo que el texto jurídico entiende como un origen común, o bien como el cúmulo de características compartidas con otras personas y/o grupo o con un ideal. Las mismas parecerían estar siempre valladas desde la solidaridad y la lealtad establecidas sobre la base de este fundamento. El regreso a la presencialidad también constituye una especie de reaseguro de lo que debe ser aprendido en la escuela.

El Tamborcito de Tacuarí es un niño héroe y su entrada a la historia está marcada por adultos, celebrada por adultos y con linaje apropiado para representar la identidad deseada. Pobre Ramón Ignacio González. La inmolación profana y no voluntaria de niño mercedeño, quizá resulten un tanto “indignas” para incluirlas en el calendario escolar. El niño Pedro Ríos tenía su edad. La historia enseñará a los niños correntinos que lo del tamborcito de Tacuarí fue un filicidio épico, transmutado en valor deseable. La heroicidad según la “correntinidad” está marcada por cómo se entrega un hijo para la guerra…lo otro sólo un cadáver descuartizado olvidable -resultado de ritos satánicos- y cubierto de hojas de tártago.

¿Qué parte de la historia aún no se entendió que estamos en pandemia?

Volviendo al ruedo, si se asume la presencialidad como preocupación, al menos ¿no sería adecuado dejar en suspenso el formateo de cuerpos y vestimentas? Pensando un poco en la ferocidad del panorama que nos acecha. No sé… alguna moratoria de sentidos menos crueles. Hay muchas penurias y pérdidas que las familias han tenido en el transcurso como para sumarles otro «prurito», so pretexto que el saber con gorras no entra. 

Configuraciones identitarias en fin que abonan por los mitos, leyendas y costumbres regionales pero se escandalizan cuando al Ballet Oficial de la Fiesta Nacional del Chamamé se le ocurre escenificar al pombero exhibiendo su miembro viril enorme y enredado. Lo sagrado quedará siempre en letras de molde, lo profano seguramente será estigmatizado y silenciado. Nuestra manera de ser. ¿Será?

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